¿Por qué Guaidó ha olvidado a las Naciones Unidas?

Jorge Arreaza se desenvuelve con facilidad y sin problemas en las Naciones Unidas. Cabildea, hace lobby. Reúne voluntades a su favor, como cuando juntó a 60 supuestos Estados miembros para respaldar al régimen de Nicolás Maduro —lista encabezada por Irán, Rusia, Siria y Cuba—.

Samuel Moncada también vocifera en cada esquina de Turtle Bay a favor de su amo. Es, actualmente, el representante de Venezuela en la gran organización internacional. Maduro tiene sus voceros y tiene su cortejo, que pasean, seguro titubeando, por el complejo de las Naciones Unidas.

Pero esto puede cambiar. Al menos, como corresponde, puede haber un contrapeso. Otra delegación que camine con mayor seguridad y con la certeza de que se alza sobre un tablado de legitimidad. Que puede cabildear y persuadir. Que puede juntar voluntades, seguro muchas más que las pequeñas conquistas de Arreaza y Moncada.

Estos últimos días he hablado con individuos de primera, destacados, algunos diplomáticos, que alertan sobre el peligro de dejar vacío el espacio de las Naciones Unidas por parte del Gobierno de Juan Guaidó. Según algunos que pueden asomar la versión oficial, preocupa que un eventual nombramiento pudiera ser desconocido y, entonces, quedar en el aire. Sin embargo, esto no ha sido obstáculo para designar representantes en otros espacios como la Organización de Estados Americanos, Canadá o varios países de Europa.

En cuanto a las Naciones Unidas, lo fundamental son las credenciales y el reconocimiento que pudiera tener algún Estado o su representación. En la sección 15 del artículo V del United Nations – Treaty Series se lee que cada representante, designado por un Estado miembro, debe contar con el reconocimiento “de la secretaría general, el Gobierno de Estados Unidos y el Gobierno del miembro en cuestión”. Estos miembros tendrán privilegios e inmunidad, inherente a su rol de representantes; pero, si Estados Unidos desconoce a algún Gobierno, sus representantes solo podrán tener privilegios “dentro del distrito” de la sede de las Naciones Unidas. Este último es el caso de los representantes de Maduro.

No obstante, aún es fundamental, para poder avanzar, lo tocante a las credenciales. Y todavía las carga Moncada. El exembajador en las Naciones Unidas y diplomático de carrera venezolano, Milos Alcalay, dijo al PanAm Post que “Naciones Unidas tiene una comisión de credenciales, que es la que acepta a los países miembros que participará en el período de sesiones de la Asamblea General”.

“El comité de credenciales es el que decide las credenciales del que va a representar al país. Para eso, evidentemente, tiene que hacerse un buen cabildeo”, agregó. Y esto último es fundamental: por ello es que no hay que dejar el espacio vacío.

La intención en las Naciones Unidas, para el Gobierno de Juan Guaidó, debería ser la de lograr que el comité de credenciales le retire las credenciales al representante de Nicolás Maduro y se las dé a un eventual representante legítimo de Venezuela.

Para el profesor adjunto de la Universidad de Georgetown, Héctor Schamis, “no se puede abandonar, de ninguna manera, el espacio de las Naciones Unidas”. No importa que, en un principio, no se cuente con el reconocimiento de la secretaría general y el comité de credenciales; es necesario “generarle un costo político alto a Antonio Guterres y a los Estados miembros”.

En algún punto, en la víspera de la Asamblea General de las Naciones Unidas, un representante del Gobierno de Juan Guaidó puede empezar un trabajo de cabildeo a favor de que se decida reconocer esta nueva representación.

“Se tiene que designar a alguien que pueda hacer el contacto con cada uno de los embajadores, con tiempo, de manera que cuando este tema se vaya a tratar en la Asamblea General, y se vayan a nombrar los miembros del comité de credenciales, ya el representante de Guaidó haya hecho ese trabajo de carpintería”, apuntó Alcalay.

En concreto, es el comité de credenciales el que, en principio, aprueba una propuesta que trasciende a la Asamblea General y que, bajo el criterio de un-país-un-voto, se acepta una representación. No obstante, mientras tanto, es urgente que esté quien haga contrapeso a la presencia de Moncada y Arreaza.

El proceso es largo, pero hay que iniciar la faena. Sin embargo, el Gobierno de Juan Guaidó aún no ha, siquiera insinuado, la posibilidad de designar a su representación en las Naciones Unidas. Sí lo ha hecho en la Organización de Estados Americanos, el Banco Interamericano de Desarrollo y en países europeos donde aún los representantes no tienen la responsabilidad de embajador. ¿Por qué? ¿Qué ha impedido al Gobierno de Guaidó apuntar a ese espacio tan esencial?

Un hombre, que también es una institución, pero incómodo 

El 4 de marzo publiqué un tuit que leía: “Escribo esto, a título personal, parcializado y desautorizado por el aprecio que le tengo: los últimos tuits de Diego Arria demuestran su altura en este momento histórico de nuestra República. Desearía verlo en las Naciones Unidas representando a Juan Guaidó”.

3568 personas dieron retuit a la publicación. Unas 117 000 dieron like. Más de 400 personas comentaron que apoyaban la moción.

Schamis, de Georgetown, dijo en ese momento: “Sus tweets y su trayectoria demuestran su altura. Me sumo”. Su mensaje lo comentó el reconocido filósofo Erik Del Bufalo con un: “No hay mejor candidato”. Ambos mensajes tuvieron más de trescientos likes.

Mi publicación fue secundada por el prestigioso periodista Manuel Malaver: “Estoy de acuerdo, se ha fajado desde los comienzos del chavismo y no puede ser incluido en la lista de pensionados de los partidos en que están resultando los nombramientos de Guaidó”.

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