¿Qué está detrás de abrir un canal humanitario en Venezuela?

“Me atrevo a decir que vemos con preocupación la solicitud de un canal humanitario abierto para Venezuela sobre el supuesto de una crisis humanitaria y todos sabemos, los que estamos vestidos aquí de verde patriota, lo que significa y lo que está detrás de una intervención de carácter humanitario. Detrás de esta petición está la intervención desnuda, es el injerencismo descarado sobre un Estado. Yo, como ministro, fijo posición porque se trata de la seguridad y la defensa de la patria”. Así lo afirmó el ministro de la Defensa de Venezuela, el general Vladimir Padrino López

Siendo Padrino el capo superior de la tiranía militarizada venezolana semejante declaración no puede pasar por alto.

Este general, a pesar de conocer perfectamente la dimensión de la tragedia humanitaria del país –en la cual tiene una enorme responsabilidad– por el asalto al patrimonio nacional cometido en el manejo de la compra de alimentos y medicinas por sus altos oficiales, tiene el descaro de calificarla de “supuesta” crisis humanitaria. Claro, no la sufre la cúpula militar, pero sí la tropa y la mayoría de los venezolanos.

A pesar de lo anterior debo reconocer que a este autollamado “patriota vestido de verde”, no le falta parcialmente la razón cuando afirma que detrás de una intervención de carácter humanitario puede estar el uso de la fuerza de componentes militares externos.

Efectivamente, sí es posible presuponer que la apertura de un canal humanitario –como lo hicimos en el Consejo de Seguridad de la ONU para atender la tragedia en Bosnia– puede implicar la utilización de la fuerza, pero de ningún modo esta acción no es ni debe ser siempre el caso. El reforzamiento de un canal humanitario, o sea con apoyo militar, solo se produciría en caso de que así lo exijan las circunstancias, como por ejemplo que la ayuda sea bloqueada o que sea apropiada por efectivos militares locales. Más claro aún, el uso de la fuerza sería innecesaria si los militares venezolanos no impiden que la asistencia humanitaria pueda prestarse como corresponde, lo que en nuestro caso es más que urgente dada la horrible tragedia humanitaria que sufrimos.

Yo diría: mire Padrino, ¿qué delito puede usted cometer que sea peor que dejar morir de hambre o por falta de medicinas a un pueblo?

Véase en el espejo del general serbio Ratko Mladic, el “carnicero de los Balcanes”, que impedía la asistencia humanitaria y que era mucho mas militar que usted, que nunca ha combatido sino para perseguir a civiles desarmados y pacíficos.

Mladic logró esconderse por 14 años hasta que finalmente fue apresado y recientemente condenado a cadena perpetua en La Haya. Usted está a tiempo de evitarse semejante destino para usted y los suyos, porque de otro modo jamás podrá librarse de la justicia internacional.

Mire Padrino, infórmese de las implicaciones de la novedosa modalidad de las Naciones Unidas: “La responsabilidad de proteger”, y verá que la soberanía ya no significa únicamente protección de los Estados frente a injerencias extranjeras, sino que constituye una carga de responsabilidad que obliga a los Estados a responder del bienestar de su población victima de atrocidades. Si un Estado no protege a su población, como evidentemente es el caso de Venezuela, la comunidad internacional debe estar dispuesta a adoptar medidas colectivas para hacerlo, de conformidad con la Carta de las Naciones Unidas.

Padrino no está defendiendo ni la seguridad ni la defensa de la patria. Al contrario, es el soporte principal de una narcotiranía militarizada que con su guerra miserable y deshumanizada está matando de hambre a todo un pueblo. Y eso no es solo un crimen abominable y atroz. Es también un delito de lesa humanidad que no prescribe.

Eso mismo se los advertí en abril de 1993 a Slobodan Milosevic, a Radovan Karadzic y a Ratko Mladic en Bosnia, cuando presidí la misión del Consejo de Seguridad de la ONU a Srebrenica.

Padrino debería informarse sobre la suerte que corrieron estos criminales en el Tribunal Penal Internacional para la Antigua Yugoslavia en La Haya, en gran parte por el crimen de impedir la asistencia humanitaria internacional.

 

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